Reseña de La princesa caballero

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Entre todos los grandes éxitos de Osamu Tezuka destaca La princesa caballero al considerarse el germen o la obra que sentó las bases del género shojo. Esta afirmación resulta algo grandilocuente al leer la obra, ya que resulta más bien un manga de aventuras cualquiera con la particularidad de estar protagonizado por una chica, y sobre todo porque el shojo no es un género en sí mismo, sino más bien una etiqueta que se le da a determinadas obras para atraer a determinados lectores, pues las obras encuadradas bajo ella ofrecen muy diversas temáticas y estilos.

Sea como fuere, la historia que empezó a contar Tezuka en 1953 en las páginas de la revista Shojo Club merece su puesto entre las grandes. Zafiro es la princesa de un reino en el que impera la ley Sálica, por lo que para heredar el trono tiene que hacerse pasar por chico, cosa que le resulta fácil al tener dos corazones, el de niño y el de niña, debido a una travesura de un ángel. Así, en los primeros capítulos Zafiro tiene que evitar ser descubierta por Maese Nailon, un secuaz del Duque, que quiere arrebatarle el trono. Pero las cosas se complican cuando Zafiro se enamora de Franz, un príncipe de un reino vecino al que tiene que engañar. Y es que ella es muy triste viviendo en un cuerpo que no es el suyo. Para rizar más el rizo, Tink, el ángel travieso, es enviado a la Tierra para arreglar el desaguisado, y la princesa tendrá que enfrentarse a más enemigos que pretenden su trono, todo en una epopeya que a lo largo de tres tomos logrará entretener capítulo tras capítulo en esta épica historia ambientada en una Europa a caballo entre el medievo y el renacimiento.

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Fue tal el éxito del manga que el autor retomó la historia en otras tres ocasiones. La primera para hacer una secuela llamada Los hijos de Zafiro (o Los caballeros gemelos) en 1958; la segunda para rehacer el manga original en 1963 en la revista Nakayoshi, que es la versión que editó EDT aquí, y una cuarta en 1967 en la revista Shojo Friend de la que sólo se encargaba del guion, el dibujo lo firmaba Hideaki Kitano, y que quedó inconclusa por su poco éxito a pesar de publicarse al mismo tiempo que se emitía el anime.

Entre la primera versión y la segunda que se publicó en España existen algunas diferencias y cambios, como se explica en un artículo recogido en las páginas de la edición de EDT, siendo las más destacadas el cambio de malo, del diablo Mefisto a la bruja Mrs. Hell, y la aparición de Blood.

En sus páginas se notan dos de las influencias del autor, el teatro de Takarazuka y la animación de Disney. El teatro de Takarazuka, localidad en la que vivió en su infancia el autor, destaca al estar formado sólo por mujeres y ofrecer obras musicales al estilo occidental. De hecho, en las páginas de La princesa caballero hay momentos en que los personajes ofrecen números musicales para introducir la historia, o lo hacen animalitos como en las películas de Disney.
Donde sí se podría apreciar influencia en obras posteriores es en el juego que hace el autor con el género de Zafiro, travistiendo al personaje según convenga en la acción, una confusión de género que se ha visto en mangas posteriores como La rosa de Versalles, Somos chicos de menta y Hanakimi.

EDT publicó La princesa caballero en tres tomos a 10 € cada uno en 2004, siendo unos años después parte del stock lanzado en packs tras el shueishazo. Actualmente todavía está disponible, siendo muy interesante su adquisición ya que a pesar de su apariencia infantil y aniñada es una gran historia de aventuras, como recordarán los espectadores de su versión animada, Chopy y la princesa, emitida hace más de veinte años en nuestras pantallas.

  • Moroboshi

    Precisamente te iba a decir que no llamaras “género” al shôjo, pero tú mismo ya explicas que no es un género. Entonces, ¿para qué llamarlo “género” la primera vez? 😛

    Otra cosilla: al haberse editado en 2004, de hecho es una edición de Glénat.

    Lo de que Tezuka hiciera tantos remakes de sus propias obras es algo que me provoca un conflicto: por un lado nos priva de leer las versiones originales, pero por el otro a veces él mismo nos cuenta cómo tuvo que aceptar cambios o imposiciones y en el fondo, pues, esos remakes son las obras tal como él habría querido que se publicaran en primer lugar.

    En cuanto a La Princesa Caballero, que yo tengo desde que salió, no es un manga imprescindible, pero merece la pena por su valor histórico y sí, por haber dado pie al shôjo, que Tezuka fue pionero en muchísimas cosas.

  • Puse que lo había publicado EDT en vez de Glénat por simplificar un poco, simplemente.