Cinco grandes RPG que han caído en el olvido (IV): Jade Cocoon

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Hoy rescatamos del olvido un título bastante especial, no sólo por sus diseños, que tanto recuerdan a los de cierto estudio de animación, sino por ser uno de los grandes tapados de PlayStation a  pesar de su más que patente calidad. Jade Cocoon, producido por el pequeño estudio Genki, se lanzó en Japón bajo el nombre de Tamamayu Monogatari y llegó a Europa a principios de 1999. Su pulido apartado visual y sus escenas animadas no tardaron en llamar la atención de los jugadores de la época, aunque siendo un juego supuestamente menor, tuvo la desgracia de quedar a la sombra de otros súper ventas de la época como los Final Fantasy. Pero a pesar de ser relegado a un segundo plano, ha conseguido mantenerse como un título de culto dentro del catálogo de la consola de Sony, sin duda por las numerosas bondades de las que hace gala.

Jade Cocoon está protagonizado por Levant, un joven del pueblo de Syrus cuyo sueño es convertirse en un maestro de crisálidas como su difunto padre. Sin embargo, como es costumbre en toda la tierra de Parel, un hombre no puede convertirse en maestro de crisálidas hasta que contrae matrimonio con una mujer de la tribu Nagi, un pueblo enigmático cuyos miembros poseen poderes místicos. El día en que se celebra el gran festival de Syrus, la aldea es atacada por unas langostas demoníacas llamadas onibubu, que hacen caer a muchos de los habitantes en un profundo sueño. Garai, una anciana Nagi, logra repeler a los onibubu con su magia, pero el mal ya está hecho. Tras una rápida ceremonia de nupcias, Levant se casa con su amiga Mahbu y recibe el ansiado título de maestro de crisálidas para poder partir en busca de unas hierbas especiales que pueden despertar a la gente de Syrus. A lo largo de su aventura, el joven héroe tendrá que enfrentarse a numerosos retos mientras descubre todos los misterios del mundo en el que vive.

Lo cierto es que sin ser nada original, la historia está reforzada con un gran desarrollo de los personajes y con un rico trasfondo en forma de leyendas que ayudan al jugador a sumergirse más en el juego. Los diálogos (que por desgracia se quedaron en inglés) también son fluidos y coherentes, mejorando así una experiencia que, ya de por sí, era bastante buena. Sin embargo, donde de verdad brilla este título es en su jugabilidad. Siguiendo la estela de otros títulos como Pokémon o Dragon Quest Monsters, Jade Cocoon se suma a la moda de la captura de monstruos, aunque no sin dejar claro que tiene una gran personalidad: ejemplo de ello es el propio Levant, que como domador de bichos no gana experiencia con las batallas, sino que lo hace al cazar a los monstruitos.

Estas bestias, de las que podemos usar hasta tres en un mismo combate, son la verdadera fuerza del maestro de crisálidas. Durante su turno pueden usar ataques normales, especiales o mágicos, a menudo basados en la asociación elemental a la que pertenezca el monstruo en cuestión (fuego, agua, viento y hielo). Así mismo, podemos incluso fusionar distintos especímenes a través de Mahbu, consiguiendo así nuevos monstruos que usar en la batalla. Los monstruos fusionados heredan las habilidades y el aspecto de sus progenitores, por lo que se pueden personalizar a nuestro gusto. Y en caso de que queramos deshacernos de alguno de ellos, se puede vender la seda de los capullos en los que están encerrados para conseguir dinero. Desde luego, útiles son un rato.

Por otro lado, si tuviéramos que destacar algo malo de este título sería sin duda su horrible control. Al contrario que en otros juegos del mismo tipo, hay que lamentar que Jade Cocoon emplea una disposición muy poco práctica que en ocasiones puede confundirnos y que pronto se hace bastante molesta. Para haceros una idea, pulsando arriba haremos que Levant avance hacia delante, tomando como base la dirección en la que esté mirando; pulsando abajo irá hacia atrás, y con izquierda y derecha haremos que gire. Si bien uno se acostumbra con la práctica, no es menos cierto que este control resulta poco preciso y prácticamente inútil cuando intentamos avanzar rápido, en especial a la hora de huir de los enemigos que nos encontremos en el mapa.

Aun así, no hay muchos más puntos negativos que podamos remarcar. De hecho, uno deja de pensar enseguida en el problema del control gracias al precioso apartado artístico del que hace gala el juego, ya sea por los hermosos fondos prerrenderizados o por los curiosos diseños de los enemigos que, por cierto, son obra del artista Katsuya Kondō, al igual que los personajes. Para quien no conozca a este santo varón, decir que es especialmente famoso por su trabajo como diseñador en películas de Studio Ghibli como Nicky, aprendiz de bruja, Puedo escuchar el mar o la reciente Kokurikozaka Kara (“Desde la colina de las amapolas”). Muchos consideran que sus diseños son parte de la esencia del estilo de Ghibli, un reconocimiento que no está muy lejos de la verdad. Su primera colaboración con el estudio fue como animador en El castillo en el cielo, un proyecto que le ayudó a ganarse la confianza del estudio y que le permitió participar en otros largometrajes, integrando así su estilo artístico junto al del inefable Miyazaki. También participó junto a Kennichi Sakemi en los diseños de personajes de la película Kumo no you ni, Kaze no you ni (“Como las nubes, como el viento”), un largometraje que se suele confundir con parte del catálogo de Ghibli justamente por su participación en la obra.

El apartado sonoro tampoco se queda atrás. Las melodías de Kimitaka Matsumae (Kill Me Baby, Tamako Market) se ajustan muy bien al ambiente tribal del juego y ayudan a asentar la atmósfera con temas potentes y rítmicos. Los efectos de sonido también están muy acertados, destacando especialmente los dedicados a la batalla, aunque el broche de oro lo pone el detalle de incluir diálogos doblados para todos los personajes importantes, con voces muy bien escogidas y con una actuación más que digna para tratarse de uno de los primeros títulos para consola con este tipo de aliciente.

Sin ser un juego revolucionario, lo cierto es que Jade Cocoon es una opción muy recomendable para los amantes del buen rol japonés, especialmente si sois de los que os gustan los juegos de coleccionar monstruitos. Recordar, además, que existe también una secuela para móviles titulada Tamamayu Monogatari Gaiden y otra para PlayStation 2 ambientada 100 años  después  de los sucesos acontecidos en esta primera entrega, que también cuenta con los diseños de Kondō y mantiene todo lo interesante de este título tan especial.


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