El clásico cosplay de «Tía buena»

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Dos han sido los hechos que han motivado este artículo. El primero, que alguien haya incluido la cuenta de Twitter de Hablando en Manga en sendas listas llamadas “Anime Porn 2” y “Anime Porn 4”, de lo cual nos sentimos más que orgullosos. El segundo acontecimiento que me ha llevado a la publicación de estas líneas es mi reciente asistencia al Salón del Manga de Valencia, donde las bajas temperaturas no han impedido los ya tradicionales cosplays de “Tía buena”.

Primero, entendamos a qué me refiero por cosplay de “Tía buena” (entrecomillado incluido, por supuesto). Dícese de esos cosplays que nadie sabe muy bien a qué serie pertenecen, no por falta de esmero al confeccionarlos, sino por falta de ropa que nos dé una pista, y que tienen como único objetivo lucir palmito. Un palmito que, por otra parte, no es para tanto.

Desconozco por qué a alguien puede parecerle buena idea que los otakus más salidos de la ciudad babeen tras ella cuatro días al año (quizás sea porque no hay quién lo haga los otros 361), pero lo respeto, cada uno es adulto para hacer lo que le venga en gana. No obstante, hay algo que no terminaré de entender nunca. Quién sabe, a lo mejor yo soy un tío muy chapado a la antigua y debería comprarme una chaqueta de pana y votar al PP, pero pienso que si yo fuese padre pondría poderosas trabas a que mi hija preadolescente fuese por ahí como sacada de Cumlouder.

La cultura japonesa peca de hipersexualizada en algunos aspectos, el manga y el anime como todos sabéis no son una excepción. No podemos pedir a los más jóvenes que saquen sólo los aspectos positivos de lo que ven y que filtren todos esos comportamientos propios del más puro fanservice de temporada. Pero caray, todos tenemos padres, es algo inherente a los seres vivos y a los radionucleidos, no creo que sea tanto pedir que sean estos los que pongan algo de cabeza en las vidas de sus cachorros, no mucha, con dos dedos de frente es suficiente.

Alguno ya estará diciendo «¡Machista, deja a las muchachas que vistan como quieran!». Bueno, machista no, diría lo mismo de los chicos, pero afortunadamente todavía no me he encontrado ningún disfraz de titán que consista en ir en pelotas y moviéndose como si se estuviese escocido (aunque no lo descarto visto el percal). Sí que me he encontrado en su lugar con niñas disfrazadas de Lucy (Fairy Tail) a cascoporro, y lástima que no llenasen el escote, porque los cosplays estaban muy conseguidos eh, se nota que habían sido hechos con ayuda parental.

¿Qué lleva a los padres a ser tan permisivos con estos comportamientos? Quién sabe, mi experiencia es que muchos padres ven el mundo del cómic como algo positivo, no tan positivo como que a su hijo le dé por el ajedrez vaya, pero sí lo ven como un mal menor. Es decir, saben que les va a costar una fortuna este nuevo hobbie de su pequeño, pero piensan «Mejor es que le gusten los cómics a que se pase el día en la calle con malas compañías». En cierto modo llevan razón, pero eso no quiere decir que ya se puedan olvidar de que a los hijos hay que vigilarlos, aunque sea para asegurarse de que todo va bien.

En definitiva, ninguna de estas muchachas se va a morir por disfrazarse de los personajes creados por Ken Akamatsu, por poner un ejemplo, pero resulta irónico que tras tantas leyes y leyes de protección al menor, sean los propios padres los que dan carta blanca a sus hijos e hijas para sobreexponerse a la sociedad. La sociedad es muy jodida y a veces da miedo.

Ah, y perdonen por no haber hablado de tías buenas, sé que alguno habrá venido por eso y en su lugar se ha comido una chapa moralista. ¡Lo siento mucho!