Reseña de Freesia

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Dentro del país de contrastres que es Japón, uno de los más llamativos es la aparente ausencia de violencia en sus calles cuando sus artistas son capaces de idear los más aberrantes crímenes posibles. No es necesario llegar a los extremos del eroguro para verlo: en obras menos alternativas se pueden encontrar situaciones espeluznantes. Freesia es una de ellas, abogando por teorizar en el tema de la superpoblación y el control social, al estilo de Battle Royale o Ikigami, combinado con un poquito del salvajismo de Gantz.

Pongámonos en situación: Japón ha aprobado la ley de venganza, gracias a la cual la víctima puede escarmentar a su verdugo en un proceso legal. Hasta aquí todo suena ideal siguiendo la ley del talión: ojo por ojo y diente por diente. Pero claro, ¿quién sería capaz de matar a sangre fría? Para ello existen agencias privadas de ejecutores y guardaespaldas que colaboran en el proceso. ¿Y quién puede enfrentarse a un empleo semejante? Por si fuera poco, hay alrededor del asunto una gran corrupción, y la mayoría de los casos parten de un amaño dentro de un Japón que está en guerra mientras enfrenta una epidemia.

Nuestro protagonista, Kano, vive con su anciana madre, con una dependencia del 100 %, y Keiko, una joven con una situación personal singular. Kano fue militar en el pasado y tiene el perfil ideal para ser ejecutor: sólo está un poquito tocado del ala. Pero podría ser peor; su compañeros son, cuanto menos, especiales: Yamada es demasiado idealista y Mizoguchi considera a las personas cebras para cazar.

Con semejantes personalidades cada caso de ejecución se plantea interesante cuanto menos. Pero no es el ánimo de Jiro Matsumoto centrarse en una denuncia social de todas estas situaciones por desgracia tan cotidianas, con una bala todo acaba.

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Ivrea comenzó a publicar este seinen en febrero de 2006, habiendo editado ocho tomos de los doce de los que consta la colección, estando parada desde 2009. Desafortunadamente los lectores no se sintieron atraídos por su interesante historia con salvajes situaciones y ligero erotismo, ni por el dibujo de Matsumoto, con un trazo sucio y en ocasiones feísta, ni por una trama que a veces resulta confusa siendo complejo distinguir las paranoias del protagonista de la realidad.

Todas estas posibles taras no parecen tales si se considera un cómic dirigido a un público maduro buscando emociones fuertes, aburrido del típico manga superventas de argumento trillado. Por desgracia en su momento no encontró sus adeptos, y permancece a la espera de tiempos mejores.

  • Adrià

    Pues esta no la conocía, y lo cierto es que has conseguido que me llame poderosamente la atención. A mí es que esta clase de historias de personajes desquiciados en situaciones de la misma índole me vuelven locuelo perdido, y más cuando vienen firmadas por coreanos o nipones.

    Buena reseña chico, cortita y al pie (a ver cuando aprendo yo hacerlas aunque sea un poquito igual, pardiez).

  • Sergi

    Otra muestra de lo injusto que es nuestro mercado. Y van…

    Estupendo texto.

  • Interesting…

    Ya me fijé un par de veces en ella en la web de Ivrea, pero no pasó de ahí. Ni zorra de su trama hasta ahora. Me llama, me llama mucho xD