Reseña de Fénix

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Seguramente habréis oído (o leído) que Fénix es la obra magna de Osamu Tezuka, el Dios del Manga, o por lo menos uno de sus títulos más logrados. Los fans del desaparecido y revolucionario autor lo creemos así, y hemos esperado mucho tiempo a que se reeditara en condiciones y con posibilidades de llegar al final, o mejor dicho que salga en castellano por fin (la otra vez que se intentó no pudo ser) todo lo que existe de esta obra inacabada.

Inacabada porque Tezuka la fue haciendo avanzar mientras se encargaba de otras obras, lo que no era raro en él, pero la consideraba la obra de su vida y le ponía mucho cariño. Tenía un plan para ella, y un formato narrativo que, desde puntos muy distantes en el tiempo, se iba acercando poco a poco a la época presente, en un ciclo que no pudo completar porque falleció antes de llegar allí. Y sin embargo Fénix es una obra maestra imprescindible no solo para aquellos a los que os guste Tezuka, sobre todo el Tezuka más serio y adulto, sino también para cualquier lector de cómics en general.

¿De qué va Fénix (Hi no Tori en japonés)? Esa es la gran pregunta, y dado que está formada por múltiples historias no es fácil de responder. Y encima hay varias versiones, pero ya llegaremos a ello. Este seinen es un conjunto de relatos ambientados en distintos momentos de la Historia de la Humanidad, relatos que se alternan entre pasado y futuro —la primera, Amanecer, tiene lugar en el siglo III, mientras que la segunda, Futuro, se sitúa en el año 3.404—, cada vez más lejos de los extremos, y que, como hemos dicho, estaba planeado que confluyeran en el presente. Y lo habrían hecho si Tezuka no hubiera muerto de cáncer a la temprana edad de 60 años, en 1989.

fenix-2Son historias protagonizadas por personajes muy diferentes, con contextos y trasfondos que no tienen nada que ver. De hecho son historias independientes y así se pueden leer, pero tienen un nexo común, que es el ave Fénix, el mítico ser inmortal que cuando alcanza cierta edad se autoinmola y renace de sus cenizas.

En la interpretación de Tezuka, este ser es objeto del deseo de varios personajes que lo buscan para beber su sangre, que se cree otorga la inmortalidad a quien la bebe. Para conseguirla cada uno de ellos trazará un plan y llevará a cabo acciones más o menos despreciables con las que el autor reflexiona sobre cómo el ser humano es capaz de cualquier cosa para sobrevivir.

A veces el objetivo de conseguir la sangre del Fénix provocará guerras inútiles, otras el pájaro de fuego tendrá un papel más observador, pero lo que nos queda claro al leer las primeras sagas es que es él (o ella) quien decide. No es fácil darle caza, pero en cualquier caso quien consigue beber su sangre, sea por méritos propios o porque lo ha decidido el propio Fénix, descubre que la inmortalidad suele ser una maldición.

En algunas historias no hay personajes que busquen ni conozcan al Fénix, pero este siempre aparecerá de alguna forma, y además tiene el poder de comunicarse con los humanos a través de la mente, y en cada relato tendrá una intervención y un papel diferentes. Es por ello que cuesta decidir si se trata de un protagonista o de un secundario imprescindible para cada una de las tramas. El caso es que siempre está ahí, observando la lucha entre la vida y la muerte, y simbolizando la reencarnación, uno de los principales temas que toca el autor en sus páginas, donde también se recuperan cuestiones que le preocuparon durante toda su vida y su carrera, siempre relacionados con las (malas) acciones de los seres humanos.

La serialización de Fénix en Japón no fue fácil: empezó con un arco argumental de 1954 a 1955 en la revista Manga Shônen, que al cerrar dejó la historia inacabada. De 1956 a 1957 Tezuka volvió a intentarlo con un shôjo para la revista Shôjo Club, donde había publicado La Princesa Caballero, y aquello se convirtió en un relato de tres capítulos pensado para el público femenino.

Sin embargo el Dios del Manga no había quedado satisfecho y quería seguir reflexionando sobre la inmortalidad y la lucha por conseguirla, e hizo un reset aprovechando que había fundado la rompedora revista COM, dedicada a la experimentación con el manga. Allí se serializó en su versión definitiva y sin problemas desde 1967 a 1971 y dio lugar a 8 de las 12 sagas que la componen (y que habrían sido más si no hubiera muerto el maestro).

Desgraciadamente la COM cerró en 1972 y las siguientes tres sagas vieron la luz en la revista Manga Shônen (no la misma que cerró en los 50, sino otra llamada de la misma forma) años más tarde, entre 1978 y 1981. Una última saga, Sol, aparecería en Wild Times entre 1986 y 1988, y ahí se quedó la historia, porque al año siguiente nos dejaba Osamu Tezuka.

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Por cierto, Fénix ha tenido varias adaptaciones fuera del manga: en 1978 la primera saga, Amanecer, fue adaptada a una película de imagen real dirigida por Kon Ichikawa, que aquí editó Filmax en DVD. También nos llegó la película animada de 1980 Hi no tori 2772: el niño del espacio, pero no tuvimos la misma suerte con las adaptaciones a OVA de otras sagas, de finales de los 80, ni con la serie de 13 episodios de 2004.

Volviendo al manga, la edición que nos llega reúne estas 12 sagas más un último volumen dedicado a las primeras versiones de Fénix, con el tamaño B5 que deseaba el autor, las páginas en color (bitono en realidad) que se incluyeron en la serialización original y tapa dura, con rediseño en la edición española para amoldarse al de la Colección Trazado. Un total de 12 libros (si no os salen las cuentas es porque no todas las sagas ocupan un libro) que, si no hay contratiempos, nos permitirán ver por fin “todo” Fénix.

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