Reseña de Zetman

Zetman

No hace mucho terminé de ponerme al día con Zetman, o ZetMAL cómo a mí me gusta llamarlo cariñosamente, siendo además este un nombre bastante apropiado.

Zetman cuenta la historia de Jin, un extraño chaval de los suburbios bajo el cual se esconde un gran secreto. Jin es el único arma capaz de hacer frente a la horda de monstruos que asolan la ciudad, sólo que él aún no lo sabe. De otra parte, Kôga es exactamente lo contrario, es un niño millonario sin necesidad de buscar trifulcas, pero su obsesión con convertirse en el superhéroe de la justicia le llevará a enzarzarse en la lucha de Jin, dónde él tiene mucho que decir.

Podríamos decir que Zetman es un manga que evoluciona continuamente. O podríamos decir que, caray, era difícil ir a peor. Yo soy uno de esos afortunados que se han leído Zetman del tirón, lo cual la hace pasable, pero me gustaría analizar la historia desde el punto de vista de alguien que se la va comprando tomo a tomo, o mejor, de la gente que se la compra en Japón con el ritmo de publicación que lleven allí.

Yo aún no me explico como la serie progresó tanto, ya que tras leer los primeros 7 tomos cualquier editor habría prescindido de los servicios de Masakazu Katsura. Se debió topar con el más deficiente de todos ellos, “el Luisma” de los editores japoneses.  Estos tomos, a los que yo agrupo como una primera etapa del manga, forman parte de una excesiva preparación del terreno por parte del autor. Al fin y al cabo, son varios años de publicación para finalizar una introducción, sin llegar a nada concreto.

Tenemos por una parte un exceso de saltos temporales durante este periodo, ya que el autor pretende dilatar los acontecimientos a lo largo de la infancia y la adolescencia de los protagonistas. Esto, si bien hace más realista la serie, sin duda llega a hacerse pesado, máxime cuando se intercalan flashback recordándote lo ocurrido el tomo anterior. Este es el principal factor por el cuál la presentación de los personajes se dilata mucho MUCHO en el tiempo.

Los flashbacks mencionados antes, no siempre son del todo inútiles, su importancia va aumentando progresivamente conforme la serie avanza, esto es algo obvio, cuanta más información se ha dado, más conviene rememorarla. Al principio incordian e interrumpen la lectura del manga. Sin ir más lejos, el séptimo tomo es prácticamente un gran flashback, que aporta demasiado poco para lo que impide avanzar. Pese a todo, hacia el final de la serie (de lo que llevamos de serie digo, ya que aún sigue abierta) se vuelven necesarios y hasta provechosos para el lector, dando una gran sensación de profundidad a la historia. Y es aquí cuando empieza a tener sentido la extensa introducción del señor Katsura.

Además de los saltos en el tiempo de la trama, también tenemos saltos espaciales, donde el autor va redirigiendo la obra hacia uno u otro personaje. Katsura podría haber ido intercalando una y otra historia, la de Jin y la de Kôga, hasta juntarlos en un nexo común. En lugar de esto, ha preferido que cada arco argumental del manga se centre exclusivamente en un personaje, y lo que es más, que se alargue de forma inusualmente prolongada. Esto crea al inicio una sensación de confusión en el lector, que ve como Jin desaparece durante más de 25 capítulos en favor de Kôga, y viceversa.

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Pasados los primeros 100 capítulos, la historia empieza a ganar fuerza, va ganando calidad y las piezas del puzzle nos empiezan a encajar. Podríamos decir que es una historia completamente diferente, un manga bastante decente contra el que no tengo nada en contra. Sin embargo, como ya he dicho, mi principal queja es esta, que tarde 100 capítulos en dar este nivel. ¿Le compensa al lector comprar 9 o 10 tomos hasta que la trama empieza a engancharle? Probablemente no.

En cuanto al dibujo, la verdad es que a mí me gusta bastante, no tanto en los personajes como en los fondos. Katsura retrata la ciudad con un amplio grado de detalle, y desde todos los ángulos. Quizás las escenas de acción estén un poco recargadas, teniendo que descifrar lo que pasa entre tanto trazo negro.

Kôga es un nuevo Batman, o un Flecha Verde, vamos, un arquetipo bastante repetido que no me hace demasiada gracia. Sin embargo, el resto de personajes están bien construidos (como para no estarlo después de todo), y la incorporación de nuevos personajes se hace de forma fluida y necesaria, como también la salida de algunos de ellos. En general, todos ponen su granito de arena a la historia.

En resumidas cuentas, Zetman te deja una sensación extraña. Tiene cosas bien hechas, y lo he disfrutado en los últimos tomos, pero si tengo que recomendarlo a un amigo, ni en broma lo haría. Básicamente no compensa ni el tiempo, ni el dinero invertido. ¡Está mal planteada leche, está ZetMAL!


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