Reseña de Kotonoha no niwa

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Desde que vi Kotonoha no niwa (El jardín de las palabras), los días lluviosos no han vuelto a ser los mismos. Y es que el famoso director Makoto Shinkai y el estudio de animación CoMix Wave Films nos regalan una película que sólo puede calificarse como obra maestra. En un ejercicio de dirección brutal Shinkai nos ofrece 46 minutos de metraje fantásticos. Es el tiempo justo: alargarla hubiera cansado al espectador y acortarla hubiera sido insuficiente para contarnos la bonita historia de amor que se narra. La historia que nos cuenta es simple e interesante, pero para mí los mejores momentos de la película son cuando el director captura las escenas del día a día que te puedes encontrar en cualquier ciudad. Las escenas urbanas son pura poesía animada, al igual que las gotas de agua que caen en un charco o los pájaros volando, al igual que los rayos de sol atravesando las ventanas de la clase. Y es que cuando nos fijamos solamente en la calidad de la animación hay dos categorías, él y el resto del mundo. Son estos pequeños momentos de la vida que normalmente obviamos, pero que son preciosos y te llevan a un estado de trance, de paz, los que hacen que si sabes disfrutar de ellos, esta película te haya ganado.

En esta animación Shinkai usa el tanka reproducido al principio para unir el film, ese poema expresa muy bien el estado mental de los dos protagonistas. Cuando se encuentran, la mujer, Yukino Yukari, le lanza los primeros 4 versos a modo de pregunta al chico, Akazuki Takao. Éste, más delante de la película, le responderá con del segundo pasaje del poema, que forma parte del libro 11 de Manyoshu.

Pero entendedme, cuando hablo de amor no me refiero ni a un amor físico ni a un amor prohibido, ni tan siquiera a uno platónico. Para mí el amor que sienten los dos personajes de la película es un amor mucho más sincero e inocente. Son dos individuos que están en un momento bajo de su vida y necesitan apoyarse en otra persona (aquí viene muy bien pensar en el kanji de persona, 人, que refleja claramente la idea de que uno se sostiene gracias al apoyo de otro). Juntos se ayudarán mutuamente a salir del pozo y empezar a andar otra vez. Que el idilio sea entre un estudiante de 15 años y una mujer de 27 no empaña para nada la historia, ya que por encima de todo, se entienden a otro nivel. Veo el amor como una necesidad, requieren de otra persona debido a su situación sentimental.

Akazuki no tiene padre (no sabemos si murió o se divorció), y tiene un hermano mayor que está apunto de independizarse mientras que su madre va de un novio a otro y se comporta como una cría. Él es el más responsable, cocina, se encarga de la casa y trabaja para lograr su sueño: necesita mucho dinero para poder pagarse su escuela técnica y las herramientas de trabajo. Yukino está traumada –por una circunstancia que no desvelaré– y padece un profundo trastorno psicológico. Para Takao, esta mujer sofisticada y misteriosa representa todos sus sueños y aspiraciones como adulto, es un ente muy lejano, dolorosamente muy diferente a su realidad infantil. Para Yukino, Akazuki representa la juventud perdida, la inocencia, y reflexiona si estos 12 años que los separan significan un mayor grado de madurez.

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A ritmo de piano (la banda sonora compuesta por Kashiwa Daisuke es exquisita y no dejará de acompañarnos en casi toda la película) y bajo la lluvia casi constante, veremos como Akazuki se prepara para cumplir su sueño de ser zapatero profesional, mientras que Yukino intentará a lo largo de los tres meses que nos explica la película rehacer su vida, intentando superar sus fantasmas y recuperando sus sentidos.

¿Y como logran encontrarse este par? Aquí la lluvia tiene un papel fundamental: Akazuki tiene la costumbre de saltarse siempre la primera hora de clase los días lluviosos para ir al famoso jardín nacional Shinjuku Gyoen (Shinjuku, Tokio), donde pasa el tiempo dibujando. Es su locus amoenus. Allí se encontrará con Yukino y empezará su relación.Volviendo a lo de la lluvia, yo entiendo este fenómeno meteorológico como un símbolo de limpieza, que primero empezará de forma suave y constante hasta, al final, convertirse en una tormenta que arrastrará a los dos protagonistas. Pero hay muchos otros simbolismos, ya que Shinkai tiene fundamentalmente una alma de poeta: los zapatos serán un modo de indicar que te puedes volver a levantar y empezar a andar, y en algún momento vemos la evolución crisálida-mariposa.

Mientras que hay varios momentos de alta intensidad, el tono de la película es básicamente calmado y reflexivo, llegando a un final donde los dos se abren y confiesan sus miedos. Es un poco dramático para mi gusto, pero no desmerece la obra. Shinkai en esta película nos deja un final abierto sí, pero con un poco de esperanza, a diferencia de otros de sus filmes. Mención especial para los dos actores de voz, lo bordan en todo momento y hacen un trabajo excelente.

Para mí, Kotonoha no niwa es la mejor película que ha hecho Shinkai Makoto y es una de las obras que se deben ver en el mundo de la animación. Muy poca gente puede quedar decepcionado con ella.

  • Tomo nota, ya vi (y me encantó) otra película de Makoto Shinkai (que tú has empleado el orden japonés xD), 5 Centimeters per Second, otra maravilla.

    • Dorion

      Yo también vi en su día A 5 centímetros por segundo. Cabe decir que Shinkai se le da muy bien eso de dejarte muy mal cuerpo emocionalmente hablando, pero sólo comete un único pecado: a veces, se pasa de cursi y de sensiblero.

  • El único detalle que no me gustó cuando la vi fue ese “romance” entre los dos protagonistas, aunque fuera algo necesario para transmitir lo que intenta transmitir la película. El resto es sencillamente precioso, 45 minutos bien invertidos sin duda.

  • @arizu21

    Ayer vi esta peli, me fascinó!! Debo decirte que escribistes casi casi mis pensamientos sobre este hermoso film.
    Me queda de tarea buscar los otros que mencionan en el trailer, pues me picó la curiosidad.
    Un fuerte abrazo, feliz finde. 😉

  • Karina

    Que excelentes 46 minutos de mi vida pasé ayer en mi casa acompañada de una preciosa lluvia tanto en pantalla como en el mundo externo.

    Gracias por existir Makoto, siento que este señor hace peliculas “para mi” y es hermoso sentirse asi.