El manga de Doraemon: esa joya

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Creo que no conozco a nadie a quien no le guste Doraemon. O, que al menos, no le entusiasmara como a un loco de pequeño. Cosa por otra parte normal, y es que a quién no le van a gustar sus dibujos animados, si son la serie perfecta para un niño: mucho mensaje moralista puesto ahí de manera que tampoco molesta, unos personajes que cumplen su función y totalmente identificables para alguien de esas edad y, claro está, el gato cósmico, esa especie de ente que desprende una especie de aura, de magnetismo, que es difícil no adorarle.

Pero claro, llega un momento en el que, cuando creces y dejas desgraciadamente de ser el target al que va destinada la serie, te das cuenta de que te sigue gustando. No igual, lo sé, pero como el hecho de que fuera un icono de la infancia de uno está ahí muy presente, ya es difícil valorarlo objetivamente, por lo que si lo pillas en la televisión lo sigues disfrutando en cierta medida.

Lo que no todo el mundo conoce es que, más allá del anime (ya sea el antiguo o ese nuevo que emiten en Boing) en España también se llegó a publicar el manga original (y encima en dos formatos). El primero de ellos se hizo idéntico al de las grapas de Dragon Ball (o Saint Seiya y Las aventuras de Fly): unas 30 páginas en blanco y negro a un precio algo inferior a 200 pesetas. Esa primera parte, que llegó a tener 15 números publicados desde 1993, fue terminada al poco para luego ser seguida en el 96 con idéntico formato (aunque esta vez los comic-book presentaban un color amarillo en vez de blanco). Esta segunda etapa tampoco llegó a buen puerto y terminó dejando la serie inconclusa en nuestro país.

Tuvieron que pasar unos cuantos años, hasta 2005, para que volviéramos a ver a Nobita y compañía en nuestro país en papel: en marzo de ese año Planeta repitió la jugada que tan bien le estaba yendo con la nueva edición de Shin-chan (aquellos álbumes de 80 páginas en blanco para la edición catalana y rojos para el resto de España, sí) y sacó el mismo formato pero con las historietas de Doraemon. Llegó a tener 18 números a un precio de 3,95 euros, por supuesto con la coletilla de que era un previo éxito en televisión bien visible en la televisión. Doraemon era un boom demasiado rentable como para dejarlo escapar, y tenían que intentar captar la atención de todos aquellos chavales que merendaban viendo el anime.

Yo no llegué a tener la antigua edición, pero ésta sí que la compre religiosamente, y la verdad es que la disfruté mucho. Son capítulos cortos, con un esquema parecido al de la serie que se puede ver en televisión, pero con un dibujo algo distinto, realmente fantástico para un kodomo como este y que representa todo con una brillantez y una sensación de limpieza en cada una de las páginas que es asombroso y que hace de la lectura una cosa muy amena y divertida. En general el cómic posee unos guiones parecidos a los del anime homónimo, pero con algo más de madurez. En esencia es lo mismo, pero quizá algunos diálogos –no muchos– sí que pueden llegar a presentar otro matiz diferente.

Ahora es una obra complicada de conseguir, descatalogada y con unos añitos ya a sus espaldas, pero que aún así merece la pena tener para poder disfrutar, una vez más, de las aventuras del gato cósmico.

  • Te olvidas de mencionar que la primera edición en grapa salió también en catalán, aunque 12 números solamente.

    Es una lástima que quedara inconclusa, porque es uno de los títulos más emblemáticos de la historia del cómic japonés y en total eran 45 volúmenes (el anime ha ido más allá, por supuesto).

    Creo que es un tipo de manga que podría leer directamente en japonés sin demasiada dificultad, por lo que algún día, con dinero y sobre todo espacio, espero comprarla entera. Y yo con 31 tacos sigo viéndola cuando la pillo en el Canal Super 3 a veces.

  • Dorion

    Yo con el tiempo acabé odiando Doraemon por culpa del patán de Nobita. Si ya me parecía cargante cuando era pequeño, ahora no hay momento en el que me encuentre casualmente con la serie en la tele en el que no quiera darle dos hostias bien dadas.

    Pero oye, que sigue habiendo por esas mañanas y esas tardes ante el televisor esperando a que saliera el gato cósmico.

  • Calave

    Doraemon me parece una de las peores series que le puedes poner a tu hijo. Doraemon nos enseña que si, como Nobita, eres un mal estudiante, un vago, un pagafantas y en definitiva un pringao, al final todo saldrá bien porque Doraemon te salvará la papeleta y te quedarás con Shizuka.
    Y por supuesto, por mucho que le den de palos Suneo y Gigante, al día siguiente actúa como si no hubiese pasado nada.
    La serie está plagada de malos ejemplos y para colmo posee un desarrollo repetitivo y cansino, con lo cuál, ya de mayor, tampoco me gusta un pelo.

  • Yo creo que lo que enseña es cómo NO hay que actuar. Sin duda Nobita es odioso, pero lo que yo entiendo de esta obra es que a pesar de que Doraemon le salve siempre de las peores situaciones es un ser patético y así lo ven los demás. Ergo, hay un mensaje educativo.

    La estructura “repetitiva” es típica de los animes longevos como Sazae-san, Chibi Maruko-chan o la que nos ocupa, Doraemon, todas ellas con espectaculares audiencias en Japón a pesar del paso de las décadas. Por algo será.