Reseña de Monster

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Los sentimientos humanos no pueden desaparecer. Los sentimientos… pueden aflorar en cualquier momento, cuando menos te lo esperas. Es como si recibiese una carta que me fue enviada hace décadas. Así que esto es la tristeza. Esto es… la felicidad.

–Wolfang Grimmer

No creo que fuera apropiado comenzar esta reseña realizando una alegoría acerca de lo que para mí supone el bien o el mal. O acerca de los monstruos de la sociedad, ya sean vistos desde una perspectiva sociocultural o sencillamente desde un punto de vista personal. Urasawa no lo hizo en ningún momento en su fantástica e imprescindible Monster, y tampoco lo voy a hacer yo.

En ese sentido, lo que quiero decir es que el autor japonés no quiere imponer un pensamiento a través de su historia (que podría), sino que lo que él logra con éxito es contar un relato, empleando todo lo que sabe con la misma eficacia como la que lograría con la también indispensable y posterior 20th Century Boys. Ya sea la historia de un grupo de niños que 20 años después se reúnen para salvar el mundo o la de una serie de asesinatos en Alemania –como la que presenciamos en este Monster–, el autor consigue de una manera admirable y de obligado estudio para cualquiera con aspiraciones a guionista separar la historia de la moralina barata. Sabe colocar a la perfección el límite, y lo demuestra una y otra vez: mientras uno lee Monster no se para realmente a pensar en profundidad si las acciones de uno u otro están bien; lo único que se quiere es continuar con la lectura y saber lo que se cierne en los siguientes capítulos de un manga que consigue enganchar desde la primera hasta la última página. El lector no crea en ese sentido una opinión de lo que debe pasar, sino que como desde un principio parece claro cual sería el final de la cruzada personal del protagonista en pos de buscar la solución al conflicto planteado, simplemente deja que pase. Y es todo tan satisfactorio, que no hay nada que reprochar.

Ese camino, el que con una muestra de talento desbordante traza el artista japonés como hilo conductor del manga, es realmente lo importante: el final es quizás un tanto descafeinado al lado de un conjunto simplemente brillante, o siendo más concretos dentro del mismo arco un clímax simplemente perfecto y que logra mantener la emoción en todo momento. El sentimiento que uno ve florecer en sí mismo mientras lee estas obras –la ya mentada 20th Century Boys y Monster se entiende, aunque imagino que ocurre lo mismo con la para mí desconocida Billy Bat– es quizás una de las mejores experiencias como lector de manga que uno puede afrontar. Y ese sentimiento, esos pelos de punta o esa ligera sonrisa que se te queda al ver ciertas situaciones, eso, no tiene precio. O al menos, para mí, ya valen más que cualquier abusivo precio que cualquier editorial le pueda poner.

La magia de estas obras reside en su narrativa completamente, pero no se trata de algo tan artificial como el simple hecho de conjugar cuatro miradas al horizonte y un par de planos acertados: se trata de algo mucho más profundo y complicado de entender si no es con un tomo en las manos. No se es consciente de la magnitud del poder para sobrecoger y emocionar que un medio tan ciertamente cerrado como el del manga puede tener con las herramientas necesarias hasta que se lee una obra de este tipo. Existen más ahí fuera, pero ahora mismo en el mercado español Urasawa es de lo mejor que podemos encontrar para ello.

tenma1A grandes rasgos Monster cuenta una historia ambientada hace unos años y con algún que otro salto temporal necesario para comprenderlo todo enteramente. El manga cuenta la historia de un brillante médico japonés afincado en Alemania que un día salva la vida de un niño pequeño que es ingresado con un tiro en la cabeza del que milagrosamente se salva. Este hecho desencadenará todo lo que viene después, y es que comienzan a sucederse por distintos escenarios asesinatos con el denominador común de estar relacionados de algún modo con el pequeño que el doctor, Kenzo Tenma, salva.

La historia es fascinante, pero realmente Monster podría haber tratado sobre cualquier otra cosa y haber sido igual de perfecta. Esta enorme obra no se sostiene por su guión, que es un mero acompañamiento necesario, sino que se basa puramente en ver hasta qué punto Naoki Urasawa puede jugar con nuestras mentes intrincando las cosas cada vez más y haciendo que nos devanemos los sesos una y otra vez.

Qué más dará lo que se cuente si se hace de esta manera tan inteligentemente llevada en todo momento y con unos personajes tan bien construidos. Esta historia, que está perfectamente hilvanada y resulta interesante sabiendo llevar el ritmo en todo momento, no habría elevado este manga hasta el punto de obra maestra en el que está si hubiera estado en manos de cualquier otro autor. Urasawa sabe contar historias de una manera muy especial, y eso se demuestra todo el tiempo en esta obra, ya que el japonés consigue enamorarnos con todas esas pequeñas historias que nos encontramos dentro de Monster en forma de arcos argumentales. Y aunque todas éstas presentan un factor fundamental para la resolución o transcurso de la historia (ya sea en el capítulo siguiente o al final de la trama) son pequeñas obras de arte que podrían muchas veces leerse por sí solas, de forma independiente, y maravillar a cualquiera igualmente sin necesidad del pretexto del viaje del doctor Tenma.

Monster es muchas cosas, pero sin duda lo que mejor lo define es que no se trata del qué, sino del cómo. Desde el primer momento se nos plantea una historia de la que, una vez dentro, ya no podremos escapar. Y una vez leída entera, querremos volver a hacerlo en un intento de captar todos los mensajes que nos podamos haber dejado por el camino.

He comenzado la reseña elogiando el hecho de que el autor no pretendiera dictaminar qué es realmente el monstruo que da nombre al título, sino que cada uno lo pensara de una forma. Así pues, nos podemos encontrar con distintas opiniones acerca del final, de lo que realmente se ha querido contar, pero hay una opinión que siempre será en todos a los que preguntéis igual: Monster es ya una obra maestra atemporal.