Reseña de El capital

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Vivimos una época en la que, a nivel cultural y de ocio, hemos visto de todo. De entre este “de todo”, destaca sobremanera la ya normalizada tendencia a recuperar los clásicos, a remasterizarlos, readaptarlos y revisionarlos, lo cual no ha servido sino para otra cosa que seguir engrasando la gran maquinaria del negocio de la cultura, si bien es cierto que los resultados que ha dado han acabando viéndose bastante dispares. Así a bote pronto, el caso más fehaciente que me viene a la mente es el Baz Luhrmann –el señor detrás de cosas como el Romeo y Julieta en versión contemporánea o el último flirteo con el cine de El gran Gatsby–, pero lo cierto es que si uno se pone a buscar, se da cuenta de que lo del diretor australiano no es más que la punta de un iceberg más grande, más espinoso y a veces incongruentemente más absurdo. Así que si ya nos hemos atrevido a poner a Abraham Lincoln a cazar vampiros, a hacer musicales sobre la vida de Anna Frank o a meter zombis en Orgullo y prejuicio, ¿por qué iba a ser descabellado trasladar al mundo del manga las obras cumbre de la filosofía?

Existe un riesgo, sin embargo, especialmente influyente a la hora de crear estas ya típicas visiones libérrimas y para algunos profanas de estos clásicos convertidos en intocables, y es que algunas de ellas acaban escapándoseles de las manos a sus creadores debido a la insistencia y a la tozudez de crear algo personal y poco conexo a los valores que hicieron grandes a las originales. Por suerte para todos y para Herder Editorial –y siendo un servidor sobradamente conocedor de  la diferencia que hay entre adaptar una obra de ficción y una filosófica–, la versión adaptada al manga de El capital, celebérrima obra del revolucionario filósofo y pensador del siglo XIX Karl Marx, conoce sorprendentemente bien el por qué de la translación de una obra tan altamente compleja a un medio con evidentes limitaciones para ello como es el cómic en general, demostrando saber con una sensatez ejemplar donde acaban sus posibilidades y comienzan sus limitaciones.

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De hecho, la sorpresa es poca en este sentido si tiramos por la vía de la lógica. Ya lo decía mi compañero chicomanga cuando le tocó hablar de la versión en viñetas de El contrato social de Jean-Jacques Rousseau: “una explicación sobre la separación de poderes no hay manga que la haga amena, ni probablemente lo suficiente para el público interesado en ella”, sólo que aquí nos corresponde cambiar “separación de poderes” por “capitalismo”. En consecuencia, El capital viene a ser lo mismo que el restro adaptaciones de grandes obras filosóficas publicadas por Herder, que no es otra cosa que un método ilustrativo y amenizador de una pequeñísima parcela de la holgada teoría correspondiente y no una instrospección detallada de la obra original, sin descuidar, eso sí, el valor adoctrinador y de aproximación a esta última con el que se la ha querido impregnar.

Ello hace que algunas de las taras que presenta la historia ficcional con la que se ha pretendido ilustrar la obra no sean tan graves o, almenos, no se perciban como algo a tener demasiado en cuenta a la hora de valorar el conjunto, pues como ya hemos aclarado, el propósito del argumento sólo es el de ofrecer un caso práctico de la teoria de Marx mientras esta misma va introduciéndose paulatinamente en los engranajes narrativos. En este sentido, el guión está bien construido y las situaciones eficientemente presentadas, de manera que la jerga marxista ni se apelotona, ni es incomprensible –todo lo contrario– ni molesta en el desarrollo de un hilo argumental que, a pesar de no bajar nunca de lo interesante y de contar un algún que otro momento de lucidez, peca de lo que coloquialmente llamaríamos falta de chicha, de una evolución algo plana de sus desaprovechados personajes y de unos cierres algo bruscos y abruptos a los diferente frentess abiertos que conforman la trama principal –la de Robin, un joven quesero de fama local que busca hacerse rico abriendo una pequeña fábrica de quesos junto al prometedor inversionista Daniel, quien le enseñará el cruel y abusivo funcionamiento del capitalismo–.

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En todo caso, el orden de los factores sigue sin alterar el producto, y el fin didáctico de la obra es el que al final acaba primando sobre cualquier cuestión argumental. Los paréntesis protagonizados por Friedrich Engels a lo largo de la segunda parte, aunque imprescindibles para comprender los sucesos venideros en la historia y las claves del capitalismo, interrumpen con frecuencia el ritmo generalmente bien calibrado de la narración, si bien es cierto que, como ya hemos dicho, no molestan lo suficiente precisamente por eso, porque son parte esencial del contenido de la obra. Así mismo, no creo que sea necesario especificar que los mencionados paréntesis llevan a cabo una aplastante estigmatización del sistema capitalista, siempre demonizado –no sin razón– desde todos sus lados en pos de la dignidad y la libertad de la clase obrera la cual sufre el hostigamiento de los máximos valedores del capital –aunque sin entrar de lleno en la idiosincrasia que acabaria dando origen al comunismo–.

Pretender hacerse una idea de la magnitud de la obra marxista en un manga de 400 páginas es, por lo menos, un despropósito. Además, no es tampoco la intención de esta simplificada versión del primer volumen de los tres primeros volúmenes de El capital llegar a eso, como tampoco lo es incitar al lector a que entre a debatir la consecuencias ideológicas de la dura carga que Marx y Engels perpetran contra la sociedad capitalista. Esta es, de hecho, la mayor virtud de esta El capital: su resumen efectivo, entretenido y eminentemente ilustrativo de este importantísimo pilar del ideario marxista no se perfila nunca como un bálsamo sustitutivo y de aires pseudo-intelectuales de la obra cumbre del filósofo alemán, sino como un enlace, un puente seguro y estable hacia la teoría de una de los pensadores más importantes de la historia de la humanidad. Con asombrosa convicción y autoconsciencia de lo que es, y un eficaz guión respaldado por un correctísimo dibujo, El capital borda y se muestra habilidoso en estas pretensiones divulgadoras, configurando así un interesante nexo de unión para los curiosos a la vez que un agradable resumen en forma de pasatiempo para los conocedores de la obra original. Tanto para los unos como para los otros, un manga especialmente recomendable. Una grata sorpresa a la que, sin embargo, podría habérsela exprimido algo más.

  • Concuerdo en que esta adaptación de El capital, como bien decís, no pretende ser sustitutivo de la obra original, si no servir de puente. Y de hecho, espero que haya sido así con más de uno, porque ‘El capital’ es una de las obras cumbre de la filosofía política y la economía.

    A mi me pareció una obra muy didáctica y entretenida que, sin ser ninguna maravilla, adapta bastante bien los conceptos marxistas.

    Una corrección: en el post decís que solo adapta el primer volumen de la obra original. MEEEEG. Adapta los tres: el primero en la primera parte de la obra, y los otros dos, en la segunda parte (cuando interviene Engels como narrador).

    • Dorion

      Error mío. Tienes razón, son los tres primeros volúmenes y no sólo el primero.

      Un saludo y gracias por haber leído el texto.