Reseña de H2

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–Estoy quemando mi juventud

–¿Por qué no quemas las revistas porno, entonces?

–Esto… Es mi vida

Así abre Adachi uno de sus mangas más famosos, H2. Esta obra podría considerarse el cenit de sus historias de béisbol, su trabajo más titánico: 34 tomos que nos contarán las aventuras y desventuras de Kunimi Hiro y sus amigos en sus años de adolescencia. Hiro fue el pitcher del mejor equipo de secundaria de la historia, pero justo antes de empezar bachillerato –el sistema educativo de Japón se divide entre secundaria, lo que sería de primero a tercero de ESO aquí, y bachillerato, que ya no es educación obligatoria y equivale a cuarto de ESO y bachillerato– le dicen que su codo está a punto de romperse y tiene que retirarse. A raíz de este incidente empieza a quemar su material deportivo en el jardín, originando el diálogo reproducido anteriormente.

Pero el béisbol no es un juego en el que un solo hombre pueda cargarse el equipo a la espalda y llegar muy lejos. En ese equipo legendario también había los mejores amigos de Hiro, Noda y Hideo. Hideo es considerado la élite de los bateadores del país, mientras que Noda es el cátcher de Hiro: juntos forman una batería de oro, un dúo invencible. Pero esos tiempos gloriosos terminaron, y Hideo, mentalizado en triunfar en el mundo del béisbol, se enrola en una de las mejores escuelas del país, la Meiwa Taichi, mientras que Hiro y Noda –también lesionado– intentan olvidar el deporte y van a un instituto sin equipo de béisbol, el Sentawa. Todos están muy tristes por este infortunio, pero la más desdichada es Hikari, la amiga de la infancia de Hiro, su animadora número uno y novia de Hideo (Hiro los presentó). Hikari cree que su amigo, sin el béisbol, es solo un simple pervertido holgazán sin un objetivo claro. Y no va desencaminada, por eso le anima a seguir adelante y a buscar otro deporte, para que no desaproveche su juventud. Hiro escoge el fútbol y está dispuesto a pasar página, pero el primer día de instituto se cruza con la despistada y monísima Haruka, que resulta ser la mánager del club (que no equipo) de béisbol del Senkawa, así que se abre el telón del drama adolescente de tres años que cuenta la historia.

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Pero, ¿para qué armar tanta expectación con el béisbol? ¿Es en verdad tan importante en Japón? Sí y sí, el béisbol en el país nipón es lo que el fútbol en el viejo continente. Es el deporte más popular y mediático, todos los niños sueñan en ser jugadores profesionales de mayores. Está muy arraigado en la cultura japonesa. El béisbol aterrizó al país del Sol Naciente el año 1871, cuando el americano Horace Wilson llegó a Japón como profesor de lengua inglesa y enseñó el juego a sus alumnos de la Tokyo Kanda. Después, éste se extendió rápidamente, y en menos de veinte años todas las regiones de Japón tenían algún club de béisbol escolar. Cada año hay multitud de torneos, pero el más importante, como debe ser, es el torneo de verano celebrado en el estadio del Koshien —ya nos habló de él Moroboshi— y nuestros protagonistas, como cualquier adolescente japonés que juegue a este deporte, tendrán su vista fija en él, entrenando para lograr su objetivo. Todo narrado con la habitual maestría de Mitsuru Adachi, claro.

Pero aunque en H2 aparezcan muchos partidos de béisbol y se les dé más importancia que en otras obras suyas del mismo género, no podríamos considerar que estos son el axis del manga. Porque, al fin y al cabo, estamos hablando de Adachi, y el maestro sobresale en las relaciones personales; lo que da forma a la historia son las interacciones que tendrán los protagonistas entre ellos, con los compañeros de equipo y con los rivales.

De hecho, el nombre de H2 rinde homenaje a nuestros dos héroes de la historia: esta H representa la inicial de Hiro y Hideo (nótese el juego de palabras que hay con sus nombres, los dos recuerdan al vocablo inglés hero). Este dúo adolescente son grandes amigos pero a la vez también son rivales. Esta rivalidad es el nucleo de la historia, su motor. Aunque sea un poco cliché, Adachi sabe montárselo para ir siempre sorprendiéndonos, siendo nosotros incapaces de prever lo que ocurrirá más adelante y orquestando unos giros de guión muy bien llevados.

Siguiendo la línea de todos los mangas del autor, los personajes son los principales protagonistas. Ellos guían la historia, los incidentes que ocurren son el medio. Todo el elenco de participantes está muy bien desarrollado, e incluso algunos secundarios recibirán un considerable protagonismo en esta obra (hecho muy poco común en sus historias, donde siempre tienen más bien un rol de soporte). El mangaka consigue crear protagonistas muy humanos: son adolescentes en una etapa muy convulsa e importante y, debido a esto, todos presentan conflictos y deseos. Se equivocan, dudan y deciden. Las decisiones que prendan marcarán el camino que seguirán, aunque que esto les haga chocar el uno con el otro. A medida que vayan creciendo, se verán envueltos en situaciones nuevas para ellos; situaciones típicas de adolescentes que siendo niños no conocían. Todos los personajes, a pesar de sus defectos, son entrañables, te puedes identificar fácilmente con ellos, incluso los rivales los puedes odiar pero a la vez simpatizar con ellos. Porque en H2 no hay maldad, solo rivalidad para lograr todos el mismo objetivo: ser los mejores de Japón jugando al béisbol. Ya se sabe, en el deporte siempre tiene que haber un vencedor y un perdedor. Ninguno tiene la verdad absoluta, nadie hace lo correcto porque realmente no hay una solución óptima e ideal entre los conflictos humanos. Lo que se agradece es que no haya personajes estereotipados entre los protagonistas, algún que otro secundario lo es, pero estos son más utilizados en clave humorística.

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Pero no todo es drama en la historia, Adachi también sabe hacer humor. En sus páginas encontramos muchas situaciones divertidas, chistes malos, fan-service gratuito, publicidad subliminal, autoreferencias y, porque no, auto críticas. Lo que intenta en esta obra es hacer caer al lector en lo cotidiano, para que cualquiera sienta que podría ser él el protagonista, que podría vivir en la historia. Esta es otra característica muy presente en las historias de Adachi, el despertar al lector las ganas de poder vivir en su obra, entrenarse en verano con los compañeros, ir a la montaña, sentir el paso del tiempo y las estaciones. En definitiva, volver a disfrutar de la adolescencia.

Es muy difícil achacar fallos en este manga. Algunos hay, pero una de las mayores quejas –injustificadas– que siempre ha recibido el japonés es su dibujo. Siempre hay alguien que lo encuentra feo, simple, poco cuidado comparado con el arte que muestra en los fondos. Tan simple es su dibujo que todos los personajes de sus mangas se parecen entre sí, a veces incluso dentro de una obra concreta. Pero por muchas quejas que haya, una vez te acostumbras los distingues perfectamente, incluso su estilo ayuda a la hora de expresar emociones. Este es el verdadero punto fuerte de sus obras: al no tener un arte muy detallado, la imaginación de los lectores es un factor clave. Las miradas, las conversaciones triviales que mantienen los personajes, las pausas… Todos estos agujeros cobran un nuevo sentido cuando el lector reflexiona sobre ellos. Por ejemplo, un comentario inocente se convierte en una revelación de las dudas que sufre el personaje si te fijas en su cara: hay dobles sentidos por doquier. Esta historia está llena de viñetas solo mostrando el paisaje que, aunque parezca que frene el ritmo de lectura, es justo lo contrario. Un río, una nube, el estadio de béisbol, todo juega a la hora de ayudarte a comprender el humor del personaje. Si consigues acostumbrarte a su dibujo, todo un mundo de emociones nuevo te rodea.

h2-2Eso sí, un pequeño percance que pueden encontrarse los no-iniciados en el béisbol cuando leen este manga es que Adachi une algunos términos de este deporte en algunas charlas concretas, pudiendo dejar dudas, pero muchas referencias son intuitivas. Otro detalle que el autor no se perdona –o sí– es cierto fallo en el nivel argumental de la obra; en verdad es una trivialidad, pero Hiro tiene dos fechas de cumpleaños. Y tampoco se le puede dejar de recordar que su historia más larga tenga un final tan abierto, deja muy mal sabor de boca.

Curiosamente, se podría destacar que todas las portadas de los tomos de la serie las ocupan siempre los mismos 4 protagonistas, de forma individual y alternándose cíclicamente, siguiendo el patrón Hiro, Haruka, Hikari y Hideo, a excepción del ultimo tomo, el 34, que salen todos juntos.

H2 consiguió también un anime no demasiado exitoso de 41 episodios que no cubre ni de lejos los 338 el manga, pero además fue adaptada a una serie de televisión de 11 capítulos. El manga ha llegado a Europa en francés e italiano, y no hay perspectivas de que lo haga en castellano.