Reseña de La tumba de las luciérnagas

LuciérnagasHEM_CabeceraV21-e1367763504228

La historia personal del novelista japonés Akiyuki Nosaka es, como se ha repetido hasta la saciedad, la de un niño que tuvo que convertirse en hombre con una presteza aturdidora, ya que las circunstancias de aquel aciago mes de mayo del Japón de 1945, asolado por los devastadores últimos coletazos de la Segunda Guerra Mundial, así lo requerían. Aun así, el paralelismo de tintes autobiográficos con el que veintitrés años después el autor caracterizaría a la obra que le catapultó a la fama, la tan espléndida como dura La Tumba de las Luciérnagas, va a más allá del cansinismo con la que el ocio cultural de hoy día -especialmente el cine- se ha encargado de vendernos que la trascendencia de determinadas obras reside en que lo que se te está narrando sea la pura y dura realidad.

Es un mal que, a juicio personal, adolece bastante el cine y literatura contemporáneos cuando se propone vendernos “una extraordinaria historia real”: no es que haya nada reprobable en el hecho de querer llevar a la pantalla un hecho verídico, sino que el problema está en lo superficial y a veces perjudicialmente excesivo del efectismo con el que se suelen plasmar estas historias, privándolas muchas veces de la naturalidad necesaria para hacerlas creíbles y dejando completamente de lado el factor humano y reflexivo que puede aportarle, incluso definirle, un auténtico propósito que enriquezca a varios niveles un relato de esta clase. En pocas palabras: el problema no está en el concepto, sino en el trato que se le da.

A La Tumba de las Luciérnagas no le pesa esto tanto –que no nada– al tenerlo bajo un exhaustivo control que intenta fijar su objetivo en el corazón del espectador sin descuidar, en mayor o menor medida en función de cada uno, su cerebro. El mencionado efectismo, ese mismo que busca estimularte las entrañas un poco antes que la cabeza, sigue estando ahí, y ahí estará siempre que cualquier historia se disponga a sustentar su propuesta en “una extraordinaria historia real”. En La Tumba de las Luciérnagas, sin embargo, el director Isao Takahata se propone y consigue firmemente que la película se narre por si sola sin filigranas y sin cargar las escenas de un dramatismo demasiado maníqueo, que sea el transcurso de las acciones el que se encargue de retorcerle los intestinos al espectador de pura amargura, al mismo tiempo que se diseccionan con sumo cuidado los momentos embadurnados con una capa de mayor fuerza trágica. La película, luego entonces, ni nos toma por tontos ni se sirve de la demagogia narrativa con la que se suelen retratar ese tipo historias, más que nada porque ni le hace falta ni lo quiere.

LuciérnagasHEM_1

La habilidad de Takahata como narrador se reconoce para esto indispensable, si bien es cierto que el realizador nipón se ve tremendamente respaldado por el potencial que ya viene implícito en el planteamiento de la historia: Seita y Setsuko, de catorce y cuatro años respectivamente, son dos niños que se ven obligados a buscarse la vida en el durísimo contexto de un Japón diariamente acribillado y bombardeado por la aviación norteamericana en plena antesala del fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, tras la trágica y muy dolorosa muerte de su madre. El mérito de Takahata se acrecenta, aun así, cuando se le adjudica a su buen hacer el hecho de que la película se haya construído con la sencillez por bandera, allí donde cualquier otro realizador hubiera apostado por exprimir la historia con tintes melodramáticos de postillo y algún que otro exceso lacrimógeno.

Akiyuki Nosaka ha declarado más de una vez que, a diferencia de Seita, él no fue ni tan valiente ni decidido. De hecho, confesó que había llegado a considerar a su hermana como un lastre para su propia supervivencia, con todo lo que ello acarreaba. Así pues, el personaje de Seita cobra doble relevancia, construyéndose como figura modélica del ser humano en un mundo que la pide a gritos y, además, como un símbolo de redención y arrepentimiento del mismo Nosaka.

 

Takahata no va en ninguno momento a lo fácil, y eso es algo que se agradece porque, primero, demuestra que tiene la suficiente confianza en la historia como para no edulcorarla demasiado y darle el trato que se le perfile más pertinente –algo que a la larga acaba transmitiéndonos a nosotros–, y segundo, porque le da algo de cuartel a todo aquel espectador que busque segundas lecturas entre los engranajes de una historia que, ya de por si, es un golpe suficientemente cruel y descorazonador al estómago como para hacer un océano de lágrimas aún mayor.

LuciérnagasHEM_2

No obstante, y aun a pesar de que gran parte de la fuerza dramática de la película se encuentre en unas imágenes de insólita dureza para una película de animación, el relato no deja nunca de edificarse alrededor los personajes principales, unos Seita y Setsuko que moldean el esqueleto narrativo de la película sobre su propia relación al mismo tiempo que emprenden la búsqueda de la normalidad y la cotidianidad en un mundo cruel. Como les ocurriera a Nosaka y su hermana, son dos niños a los cuales se les privado de la infancia y la inocencia que la define, una historia de supervivencia en un mundo hostil en el que ellos y el resto de la humanidad parecen vivir en mundos aparte, y en el que la vida debe ganársela uno diariamente a costa de la honorabilidad de los actos propios.

Poco contemplativa y de difícil visionado, La Tumba de las Luciérnagas es, como ya hemos dicho, un ataque directo a las entrañas, pero a pesar de todo, es capaz de dar suficientes concesiones al espectador para que su sentimiento pacifista nazca también su cabeza y no sólo del estómago. En este sentido, funciona asombrosamente bien y llega a calar hondo como alegato antibelicista –bien merecido que tiene ese que puesto que se le ha dado junto a La Lista de Schindler de Spielberg, El Pianista de Polanski o La Delgada Línea Roja de Malick–, pero más interesante e incisiva es la crítica que elabora contra el egoísmo y la falta de solidaridad del ser humano allí donde más necesaria es. Takahata, además, plasma con una facilidad y naturalidad pasmosas todos los estragos que la guerra fue capaz de provocar en un conflicto, la Segunda Guerra Mundial, cuyo balance final acabó por primera vez en la historia cobrándose más víctimas civiles que militares, un horror que es capaz de meternos dentro de nuestra conciencia con un relato de dos niños que vieron como se les arrebataba todo, incluso el mismísimo derecho a la vida, y sin la necesidad de efectuar un solo disparo, de ubicar la acción en un campo de batalla o de buscar el tan efectivo como manido retrato del soldado atormentado por los remordimientos.

Prueba inefable, además, de la portentosa y temprana madurez del Studio Ghibli, Isao Takahata logró algo más que una película que le afianzara como el contrapunto realista al desborde imaginativo y fantasioso de Miyazaki: romper unos tabúes que, desde el director francés René Laloux –pionero de llamada animación para adultos–, hacía tiempo que no se rompían de tal manera. En nombre de toda la animación, La Tumba de las Luciérnagas nos mira directamente a la cara como lo hace Seita justo antes de la entrada de los créditos, con madurez y orgullo, y nosotros, por nuestra parte, le correspondemos devolviéndole una mirada en la que le otorgamos –o al menos deberíamos otorgarle– un derecho que lleva negándosele mucho tiempo a su infravalorado género, que no es más que el derecho a una valoración justa, seria y alejada de los estándares que la han infantilizado hasta el extremo. Y está siendo la gente de Ghibli, desde luego, la que está haciendo más méritos para que esto algún día sea posible.

  • Una de mis 3 favoritas de Ghibli junto con El Castillo en el Cielo y Nausicaä del Valle del Viento, tengo también la novela y ciertamente es una historia durísima, para muchos la película animada más triste que se ha hecho jamás.

    Pero no solo por eso, sino porque también es una de las maravillas del estudio, es un largometraje imprescindible para cualquier amante del anime y del cine en general.

    • Jonnathan

      Nausika es hermosa y deja un gran mensaje, la verdad ese escenario post apocalíptico a mi parecer fue tan acertado.

  • MARTIN

    Sencillamnete una obra maestra que conmueve no solo a adultos sinó a toda la humanidad.

  • marvin

    Mas que animación. Esta película te patea la conciencia.
    Ya quisieran muchos directores de peliculas en imagen real hacer una pelicula con la enorme calidad de esta obra maestra del cine animado y en general.

  • Azumi

    Esta reseña ha conseguido que recuerde toda la película y las sensaciones que esta me transmitió. Y la que más recuerdo, es la ternura con la que trataba siempre a la pequeña.

  • estubo muy bonita la historia es la ternura que tiene lapequeña