Reseña de Mis Vecinos los Yamada

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Ni castillos ambulantes, ni gatos autobuses ni sirenas crea tsunamis: Mis vecinos los Yamada es una película alejada de todo eso. No por culpa del estudio japonés Studio Ghibli, claro, porque el film al final no deja de ser una adaptación al cine de un yonkoma muy japonés con cierto parecido a obras como Shin-chan, basados en la vida cotidiana de una familia media japonesa. De hecho, el manga original se comenzó a publicar bajo el mismo título que la película en el periódico japonés Asahi Shimbun allá por 1991 gracias al buen hacer de Hisaichi Ishii.

La obra fue ganando adeptos, sobre todo el personaje de la hija pequeña, el cual era sin duda el más popular de todo el elenco protagonista, y al final ese factor hizo que el autor rebautizase el manga y centrase la mayoría de historietas en ella. Es más, cuando se hizo el anime basado en el manga (que aquí emitió el K3, canal autonómico catalán), la serie ya dejaba patente el cambio, rebautizándose así mismo como Nono-chan. En la película, por el contrario, el cambio entre una obra más coral y una centrada en un personaje no está todavía definida y podemos disfrutar de pequeñas piezas en las que todos los personajes tienen el mismo peso.

A pesar de todo, Isao Takahata fracasó en taquilla con un estilo simple y sencillo, predominante en colores suaves y escenas tranquilas que rompen la sensación de película: no parece que estemos presenciando una propiamente dicha, sino una amalgama de estilos que se alargan hasta la hora y cuarenta minutos, los cuales en algunos momentos se hacen tediosos. Es difícil ver esta película sin acabar comparándola a las otras obras de Studio Ghibli y darse cuenta de que esto es… otra cosa.

Volviendo a la comparación con el gran Shin-chan, aquí no encontramos (al contrario que en sus películas) un hilo conductor con un nudo y desenlace, sino que aquí prefieren ser más fieles al formato del manga y presentarnos una sucesión de sketches. Gag tras gag, la película acaba por resultar algo plana a pesar de que uno pueda darse cuenta de que toque de Ghibli se puede apreciar en cierta manera durante alguna parte del film. Por ejemplo, destacar el momento en que los padres de la familia le cuentan al hijo mayor acerca su vida, donde el uso de efectos por ordenador y de escenas fantásticas y metafóricas consiguen transmitir más que lo que pudiera conseguir el resto de la película.

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Guiños a la cultura japonesa llenan este instante incomprensible para el potencial público español desconocedor de historias como la de Momotarō. Lástima que esto sean sólo un par de minutos al principio de la película.

Una cosa que también me ha resultado curiosa es el hecho de que en los últimos minutos, los personajes se vuelvan mucho más realistas, cosa que despierta al espectador preguntándose el porqué de este cambio tan repentino como injustificado el cual yo encuentro un acierto, puesto que nos hace volver a prestar atención a una película que se desmorona poco a poco a cada minuto que pasa y cae en lo monótono.

Mis vecinos los Yamada es una película amena y tranquila que, al contrario de lo que pudiera suceder con otros títulos de la factoría cae en lo aburrido (los más pequeños son quizás los que más lo noten). Es disfrutable si en su momento viste el anime por alguna autonómica hace ya unos cuantos años, porque con ese halo de nostalgia conseguiremos evitar pensar en que los momentos realmente divertidos del film son casi anecdóticos.


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