Japón es una paradoja SEXUAL

Sexo en HEM, oiga, ¡no sabemos que hacer para llamar la atención!

Hace unos días veíamos en la red una noticia llegada de Japón, no muy trascendente, pero sí curiosa. Se trataba del retraso, y posterior supresión del número 7 de la revista Young Magazine. ¿El motivo? ¡Esta jamelgaca!

La-polémica-jamelga

La idol que ven ustedes a la izquierda de sus pantallas, es Tomomi Kasai (AKB48), y la imagen pertenece a su libro de fotografías «Tomo no Koto, Suki?». Dicho libro, que iba a ser publicado el próximo 4 de febrero, ahora ya no se sabe si verá la luz. Por su parte, los capítulos de los mangas que inicialmente se hubiesen publicado en la edición del día 12 pasarán a ocupar las páginas del número 8 de la Young Magazine, el día 21. Además, Kodansha va a perder muchos duros al tener que tirar a la basura casi 650.000 copias de la revista. Eso sí, por las webs de subastas ya circulan algunos ejemplares, recuerdo del día que se armó la gorda, ¡qué digo la gorda! ¡Las gordas! Jajaja, ¿lo pillan? ¡Porque son un par de tetas!

¿Y cuál es el problema de todo ello? ¿Qué ha causado tanto revuelo? Que la imagen puede considerarse, según la leyes japonesas, pornografía infantil. Esto no se debe a los dos envidiables senos de nuestra diosa, sobre los que podríamos hablar largo y tendido, y los cuáles iban a marcar un hito o dos –Jajaja, ¿lo pillan? ¡Porque son un par de tetas!– en la vida de los lectores de la Young Magazine, sino al niño ese que ven ustedes con cara de no haberse visto en otra igual. Y es que, el hecho de que un menor esté tocando los pezones de la cantante, convierte a la imagen en pornografía infantil. Ojo, si los pezones se viesen explícitamente no sería considerado pornografía infantil.

Este hecho tan absurdo, nos sorprende aún más conociendo los antecedentes en materia de pornografía infantil del país nipón. Pongamos unos cuántos ejemplos de cuán irreverentes son las leyes que controlan los contenidos sexuales en Japón.

Aviso: Me veo obligado a advertirles, si son ustedes sensibles deberían leer con cuidado lo que sigue. Y perdónenme si ustedes venían aquí a reír, se acabaron las bromas por hoy, estos temas no son precisamente para bromear con ellos. Pueden quedarse con la parte superior de este artículo o seguir leyendo.

 4. Lolicon, shotacon y toddlercon.

Quizás esto sea lo más conocido por muchos de vosotros. El hentai, ese anime de contenido sexual explícito que se presta a tantos chistes entre otakus, tiene en varias de sus vertientes, una muestra clara de la alta permisividad del país ante la pedofilia.

Lolicon y shotacon son géneros del manga y el anime dedicados a mostrar contenido erótico y explícitamente sexual cuyos protagonistas son, respectivamente, niñas y niños. Por su parte, el toddlercon es esto mismo si lo aplicamos a menores de 6 años. ¿Enfermizo verdad? Pues, como bien es sabido por todos, el hecho de que se trate sólo de dibujos e imágenes en vez de niños reales, lo convierte en una práctica anecdótica y legal.

Y es verdad, llevan razón en que no es técnicamente pornografía infantil, pero no deja de hacer apología de su práctica. Por Dios, estos sub-géneros del hentai no son más que un pañuelo consolador para aquellos que sufren esta parafilia y no pueden ver cubiertas sus expectativas de pornografía infantil. Claro está que Japón, el principal productor de este tipo de imágenes, considera su distribución y producción lícita y perfectamente legal.

3. Burusera

Burusera son un tipo de tiendas, comunes en Japón, dedicadas a vender ropa femenina íntima, bragas vaya, a varones en celo. ¿La particularidad? Las prendas están usadas por chicas jóvenes, muchas veces menores de edad.  Estas tiendas buscan satisfacer un tipo de fetichismo muy común en Japón. Las bragas suelen venir acompañadas de una fotografía de la dueña y el requisito estándar para ser aceptadas es que la dueña las lleve puestas durante tres días seguidos. Vaya, que oler aquello debe ser bastante parecido esnifar pegamento, pero menos higiénico. Por si fuera poco, se venden a precios desorbitados, entre 30 y 70 euros, por eso es que en mi visita a Tokyo sólo me alcanzaron los cuartos para comprarme seis. No faltan en estas tiendas tampoco uniformes de colegiala o trajes de baño escolares.

Namasera, es una variante de esta actividad en la cuál las jóvenes se desprenden de sus bragas y se las entregan a comprador en el acto. Incluso las hay que, para evitar problemas legales ahora que las leyes se están endureciendo, dejan que los clientes metan el hocico bajo sus faldas para oler la prenda mientras aún la llevan puesta. Estas actividades son, por supuesto, legales.

2. Rorikon

El Rorikon es lo más parecido a la pornografía infantil que se realiza de forma legal, y adivinen dónde tiene su Meca. Exacto, en Japón. Se trata de fotografías de menores de edad, entre 6 y 13 años aproximadamente, en ropa interior y, muchas veces, en actitudes claramente sexuales. La única restricción impuesta es que los genitales no pueden ser mostrados. Esta restricción no supone ningún avance ya que, sean o no mostrados los genitales, la pedofilia viene implícita en esta práctica, nadie consume este tipo de producto por seguir la moda en trajes de baño infantiles… menos nosotros, los miembros de HEM lo seguimos por ser fashions, ¡lo juro!

En cualquier caso, queda claro que esta práctica de modelaje en Japón es legal.

1. Enjo kōsai

Y en nuestro descenso a los infiernos, llegamos al Enjo kōsai, una práctica extendida en Japón donde hombres mayores pagan a adolescentes y jóvenes bachilleres por su compañía, en la que muchas veces están implícitos sus servicios sexuales.

La legislación en Japón contempla que la prostitución tiene lugar únicamente en el contacto genital, luego pagar por «compañía» es perfectamente legal, y es visto como normal entre las propias jóvenes que lo practican voluntariamente. La práctica del enjo kōsai no cae por tanto en ninguna de las definiciones legales de prostitución a menos que el cliente exprese su clara intención de fornicar con la muchacha, y no está regulada. Si a esto le añadimos que la edad en Japón para tener relaciones sexuales consentidas varía entre los 13 y los 18 años, tenemos que ningún cliente puede ser acusado de violación de menores o de contratar servicios de prostitución de menores. Y por eso los «hoteles del amor», o rabu hoteru, están llenos de menores los fines de semana.

Expertos señalan entre el 8% y el 15% de las jóvenes menores de edad recurre a estas prácticas, ¡una de cada 7 menores se prostituye ante la impasibilidad del estado! Y todo ello, de forma legal.

Tras todo esto, quiero hacerles una reflexión. Yo veo bien que se cancele la distribución de dicha revista, porque está enfocada a todos lo públicos y puede resultar incómodo para algunos padres que sus hijos vean ese tipo de contenidos. Ahora bien, ¿cómo puede ser que prácticas tan extremas como estas se sigan llevando a cabo con total impunidad? El gobierno de Japón, ¿realmente está interesado en frenar este tipo de comportamientos? ¿O sólo quiere aparentarlo de puertas para fuera?

Esto es lo que los guionistas de los informativos españoles se han empeñado últimamente en definir como «doble vara de medir», una expresión de la que, al menos yo, estoy hasta los santísimos. Está claro que yo no soy japonés, y quizás no entienda la cultura sexual del país, pero prohibir unas cosas y hacer oídos sordos a otras más graves no parece muy profesional por su parte. O lo permites, o lo prohíbes, pero no puedes juzgar las cosas sólo cuando te interesan.