Saint Seiya #18 Un espectáculo dantesco

saint seiya Me congratulaba desde el inicio de esta saga del cambio de aires que suponía que el protagonismo pasara a los Caballeros de Oro, aun enfrentándose entre ellos, y se diera descanso a los de Bronce, muy manidos y exprimidos más allá de lo que puede dar de sí un shônen.

En este decimoctavo volumen de la kanzenban de Saint Seiya empiezan a asomar un poco más, pero su regreso al primer plano es gradual y el maestro Kurumada demuestra que cuando quiere sabe administrar los ingredientes de esta mítica –literalmente– obra de forma que los giros argumentales tengan un efecto más potente, no adivinemos páginas antes lo que va a pasar y en general todo tenga una estructura amena y entretenida de la que carecía la saga de Poseidón, sin duda la peor de este manga.

La saga de Hades es suficientemente rompedora –dentro de lo que cabe– y en ella el autor pone en el asador la carne de más calidad para deleite del lector.

Y es que antes de que nos cansemos de los Caballeros de Oro, sus disputas, sus cambios de bando, sus redenciones y las contradicciones, algunas aparentes y otras reales, entre sus palabras y sus actos, Kurumada-sensei vuelve a echar mano de los Caballeros de Bronce, o parte de ellos (en este caso Seiya y Shun principalmente), para que hagan las veces de soplo de aire fresco respecto a unos personajes que, en su momento, desempeñaron precisamente esa función con ellos. De vez en cuando hay que ir cambiando de perspectiva y de voces, en otras palabras.

En el volumen que nos ocupa continúa, se entiende, la saga de Hades, pero en esta ocasión los personajes trasladan sus batallas a otro escenario, como si de la última pantalla de un videojuego se tratara, y bajan a los mismísimos infiernos, donde el autor hace uso, otra vez, de sus conocimientos sobre mitología para presentar nuevos enemigos y ambientaciones sacados en este caso directamente de La Divina Comedia de Dante Alighieri. Estas cosas gustan, como nos gusta que se recuperen personajes clásicos de las novelas del siglo XIX para hacer series de televisión o, antes, cómics sobre extraordinarias alianzas de caballeros para combatir el Mal. De hecho, esto no es un invento moderno, porque el propio autor florentino ya compuso en el siglo XIV su obra más conocida haciendo uso de mitos y personajes no ideados por él.

No es extremadamente osado afirmar que este es uno de los tomos más interesantes de Saint Seiya, tanto de la saga en curso como del conjunto de la obra, y es que el autor sabe cuáles son los personajes más populares y los utiliza sabiamente. Además de todo esto, si echáis de menos algunas escenas muy gore de la primera saga, que posteriormente fueron sustituidas por patrones de puñetazos al aire y choques de cara contra suelo o espalda contra columna de piedra –y que aquí también resuelven casi todos los ataques, para qué engañarnos–, en el tomo 18 de la kanzenban disfrutaréis (o no) de por lo menos un par de escenas muy desagradables e impactantes. Así, sí.